HEMOS ELBORADO NUESTROS PUNTOS DE LECTURA , TAMBIÉN RELACIONADOS CON LOS ÁRBOLES Y ESOS BUHOS SABIOS QUE VAN APARECIENDO POR LA CLASE!
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4 de octubre de 2012
3 de octubre de 2012
El árbol de los libros
En nuestra aula ha crecido un árbol! Es "EL ÁRBOL DE LOS LIBROS"
Y ahora está así, sin hojas, como si fuera el final del otoño;Pero por poco tiempo, puesto que por cada libro que leemos de la biblioteca, colgamos una hoja,con el título y nuestro nombre:
Y ahora está así, sin hojas, como si fuera el final del otoño;Pero por poco tiempo, puesto que por cada libro que leemos de la biblioteca, colgamos una hoja,con el título y nuestro nombre:
Y para recordar cuantos libros ya hemos leído tenemos nuestro mandala de árbol, en el que vamos pintando las hojas.
31 de agosto de 2012
13 de diciembre de 2010
6 de diciembre de 2010
27 de noviembre de 2010
16 de noviembre de 2010
Muy interesante Junior
No se si conocéis la revista Muy Interesante Junior, es una revista con muchísimos contenidos interesantes. Aquí os dejo el enlace a la web que tienen en la que podréis leer reportajes, artículos de humor y una sección con preguntas y respuestas en la que encontraréis solución a muchas de las dudas científicas que tengáis.


14 de noviembre de 2010
Este viernes nos ha visitado 2 libros:
- Itziar nos ha traido CON LOS PIES EN EL AIRE de Agustín Fernández;
Se trata de un hombre que tenía un trabajo muy aburrido, pero..descubre que solo con pensarlo, ya vuela...
- Diego ha venido con un libro de poemas divertidos, ilustrados con los dibujos llenos de encanto de Matilde Portalés: ¿PORQUÉ LOS GATOS MIRAN LA LUNA?
5 de noviembre de 2010
QUINTO VIAJE AL REINO DE LA FANTASÍA.
20 de octubre de 2010
EL COLLAR DE TURQUESAS - Cuento sobre la generosidad -
Ella entró decididamente en el local y pidió ver un hermoso collar azul que le había llamado la atención y le dijo al vendedor:
- Es para mi hermana. ¿Podría hacerme un lindo paquete?
El dueño del local, quien estaba a un lado, miró a la chica con cierta desconfianza y con toda tranquilidad le preguntó:
- ¿Cuánto dinero tienes, pequeña?
Sin alterarse ni un instante, la niña sacó de su bolsillo un atadito lleno de nudos, los cuales delicadamente fue deshaciendo uno por uno. Cuando terminó, colocó orgullosamente el pañuelo sobre el mostrador y con inusitado aplomo, dijo:
- Esto alcanza, ¿no?
En el pañuelo solamente había unas cuantas monedas. Mirando al dueño con una tierna mirada que expresaba una mezcla de ilusión y tristeza le dijo:
- Sabe, desde que nuestra madre murió, mi hermana me ha cuidado con mucho cariño y la pobre nunca tiene tiempo para ella. Hoy es su cumpleaños y estoy segura que ella estará feliz con este collar, porque es justo del color de sus ojos.
El empleado miraba al dueño sin saber qué hacer o decir, pero éste sólo le sonrió a la niña, y se fue a la trastienda, y personalmente lo envolvió en un espectacular papel plateado e hizo un hermoso adorno con una cinta azul. Ante el estupor del empleado, el dueño colocó el hermoso paquete en una de las exclusivas bolsas de la joyería y se lo entregó a la pequeña diciéndole:
- Toma, llévalo con cuidado.
Ella se fue feliz saltando calle abajo. Todavía no había terminado el día cuando una encantadora joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el paquete desenvuelto y preguntó:
- ¿Este collar fue comprado aquí?
El empleado cortésmente le pidió que esperara un momento y fue a llamar al dueño, quien de inmediato regresó, y con la más respetuosa sonrisa le dijo:
- Sí, señora, este collar es una de las piezas especiales de nuestra colección exclusiva y en efecto, fue comprado aquí esta mañana.
- ¿Cuánto costó?
- Lamento no poder brindarle esa información, señora. Es nuestra política que el precio de cualquier artículo siempre es un asunto confidencial entre la empresa y el cliente.
- Pero mi hermana sólo tenía algunas monedas que ha juntado haciendo muñecas de trapo con ropa vieja, pues mi sueldo es demasiado modesto y apenas nos alcanza para sobrevivir. Este collar ciertamente no es de fantasía, y ella simplemente no tendría dinero suficiente para pagarlo.
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio casi ceremoniosamente, y con mucho cariño colocó de nuevo la cinta diciendo mientras se lo devolvía a la joven:
- Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar: “ella dio todo lo que tenía”
El silencio llenó el local y las lágrimas rodaron por el rostro de la joven, mientras sus manos tomaban el paquete y salía de allí lentamente, abrazándolo fuerte contra su pecho.
17 de octubre de 2010
12 de octubre de 2010
Los Vecinos de la Casa Azul - cuento portugués-
Erase una vez, una ciudad en la ladera de una montaña.
Era una ciudad pequeña, rodeada de jardines, con muchos árboles, donde las aves solían construir sus nidos, volar de árbol en árbol y piar peleando unos con otros.
En las noches calurosas de Verano, las familias acostumbraban a pasear y sentarse en los bancos de los jardines mientras los niños jugaban alegremente. Cerca de uno de esos jardines, había una casa azul con dos vecinos, el señor Zé Costica, que vivía en el bajo derecha y el señor Manuel Bicas, que vivía en el bajo izquierda. Al final de la tarde solían charlar desde sus ventanas y, permanecían horas y horas oyendo cantar a los pájaros que se posaban en los árboles del jardín que rodeaba la casa.
¡Pero... el tiempo pasó, y... he aquí que llegó el Otoño! Y con él llegaron los días grises, el viento frío, las noches cada vez más largas y la caída de las hojas que se llevó lejos a los pájaros de los jardines.
Durante algún tiempo, los vecinos, aún se miraban de vez en cuando desde sus ventanas, pero la marcha de
los pájaros les fue dejando cada vez más tristes. El Señor Zé Costica tenía tanta nostalgia, tanta añoranza y vivía tan triste de no oír cantar a los pájaros que decidió comprarse una armónica y ponerse a tocarla para imitar su piar. Quedó tan animado con la idea, que se pasó todo el día tocando y no se dio cuanta de que la noche había caído.
En el bajo izquierda su vecino Manuel Bicas intentaba dormir, pero no lo conseguía. Irritado con el sonido que llegaba de la casa de al lado, comenzó a dar puñetazos en la pared.
El señor Zé Costica al oír los puñetazos en la pared, pensó que su vecino estaba encantado con el sonido de su armónica y animado continuó soplando cada vez con más fuerza. Tan pronto amaneció, el Señor Manuel Bicas fue a la tienda de música a comprar la mayor armónica que tuvieran y nada más entrar en casa empezó a soplar, a soplar con todas sus fuerzas. ¡Estaba decidido a no dejar dormir a su vecino!
Al oír la armónica del señor Manuel Bicas, el vecino Zé Costica arrugó el entrecejo en señal de desagrado, refunfuñó y salió de casa corriendo. Cuando volvió, traía consigo una caja de la que sacó un violín. Rápidamente y sin saber muy bien como tocarlo empezó inmediatamente,
con movimientos descoordinados a tocar enloquecidamente. ¡Al otro lado, la respuesta no se hizo esperar. Las paredes de la casa temblaban al son de un violonchelo, que más parecía un serrucho de madera que lanzaba al aire sonidos inenarrables!
Durante algunas noches la desarmonía continuó. Cada noche se oían nuevos instrumentos. Clarinetes, tubas, tambores, platos, acordeones y flautas y cuando todos los instrumentos se agotaron en la tienda de música la vecindad se desesperaba sin saber lo que había que hacer para que el sosiego volviese.
El caso de los dos vecinos de la casa azul ya comenzaba a ser conocido en toda la ciudad y nadie encontraba la solución para que los dos volviesen a ser amigos.
Entonces, el Maestro Antonio que estaba de visita en la ciudad para dar un concierto, decidió pasarse por la calle de que todos hablaban... Su espanto fue tal al oír los sonidos que salían del bajo derecha y del bajo izquierda de la casa azul, que decidió hablar con los dos vecinos. Después de llamar muchas veces al timbre y de golpear fuertemente en las puertas el maestro por fin consiguió tener una conversación con los dos.
Esa noche, toda la vecindad consiguió dormir tranquilamente. ¿Qué habría ocurrido? ¿Se habría llevado el maestro todos los instrumentos? ¿Se habrían puesto enfermos los vecinos de tanto tocar? ¿Habrían finalmente hecho las paces? Algunos días después, un anuncio apareció por todas partes:
En las noches calurosas de Verano, las familias acostumbraban a pasear y sentarse en los bancos de los jardines mientras los niños jugaban alegremente. Cerca de uno de esos jardines, había una casa azul con dos vecinos, el señor Zé Costica, que vivía en el bajo derecha y el señor Manuel Bicas, que vivía en el bajo izquierda. Al final de la tarde solían charlar desde sus ventanas y, permanecían horas y horas oyendo cantar a los pájaros que se posaban en los árboles del jardín que rodeaba la casa.
¡Pero... el tiempo pasó, y... he aquí que llegó el Otoño! Y con él llegaron los días grises, el viento frío, las noches cada vez más largas y la caída de las hojas que se llevó lejos a los pájaros de los jardines.
Durante algún tiempo, los vecinos, aún se miraban de vez en cuando desde sus ventanas, pero la marcha de
En el bajo izquierda su vecino Manuel Bicas intentaba dormir, pero no lo conseguía. Irritado con el sonido que llegaba de la casa de al lado, comenzó a dar puñetazos en la pared.
El señor Zé Costica al oír los puñetazos en la pared, pensó que su vecino estaba encantado con el sonido de su armónica y animado continuó soplando cada vez con más fuerza. Tan pronto amaneció, el Señor Manuel Bicas fue a la tienda de música a comprar la mayor armónica que tuvieran y nada más entrar en casa empezó a soplar, a soplar con todas sus fuerzas. ¡Estaba decidido a no dejar dormir a su vecino!
Al oír la armónica del señor Manuel Bicas, el vecino Zé Costica arrugó el entrecejo en señal de desagrado, refunfuñó y salió de casa corriendo. Cuando volvió, traía consigo una caja de la que sacó un violín. Rápidamente y sin saber muy bien como tocarlo empezó inmediatamente,
Durante algunas noches la desarmonía continuó. Cada noche se oían nuevos instrumentos. Clarinetes, tubas, tambores, platos, acordeones y flautas y cuando todos los instrumentos se agotaron en la tienda de música la vecindad se desesperaba sin saber lo que había que hacer para que el sosiego volviese.
El caso de los dos vecinos de la casa azul ya comenzaba a ser conocido en toda la ciudad y nadie encontraba la solución para que los dos volviesen a ser amigos.
Entonces, el Maestro Antonio que estaba de visita en la ciudad para dar un concierto, decidió pasarse por la calle de que todos hablaban... Su espanto fue tal al oír los sonidos que salían del bajo derecha y del bajo izquierda de la casa azul, que decidió hablar con los dos vecinos. Después de llamar muchas veces al timbre y de golpear fuertemente en las puertas el maestro por fin consiguió tener una conversación con los dos.
Esa noche, toda la vecindad consiguió dormir tranquilamente. ¿Qué habría ocurrido? ¿Se habría llevado el maestro todos los instrumentos? ¿Se habrían puesto enfermos los vecinos de tanto tocar? ¿Habrían finalmente hecho las paces? Algunos días después, un anuncio apareció por todas partes:
"Se invita a todos los interesados a tocar en la banda de música de la ciudad
y a acudir al salón MUNICIPAL a las nueve de la noche.
No es necesario traer instrumentos".
y a acudir al salón MUNICIPAL a las nueve de la noche.
No es necesario traer instrumentos".
¡La curiosidad era tanta que al principio de la tarde la gente comenzó a llegar y, cuando dieron las nueve en el reloj de la torre ya podía verse a lo largo de la calle una larga fila, jóvenes, gordos, delgados, altos y bajos, todos querían entrar!
El Maestro Antonio comenzó por poner los instrumentos ordenados y afinados unos al lado de los otros, distribuyó a todos unas hojas con unos dibujos negros, redonditos, colgados en unas rayitas muy bien dibujaditas y, explicó como funcionaba aquello. En un rincón del salón Zé Costica y Manuel Bicas intercambiaban miraditas y sonrisitas de felicidad. La gente fue probando los instrumentos mientras el Maestro con su oído finísimo y preparado, lleno de semibreves, corcheas, fusas y semifusas iba colocando a la gente al lado de los instrumentos. Ya había amanecido cuando el maestro dio por terminada la tarea.
A partir de esa fecha, todas las tardes de Otoño, cuando las hojas caen y los pájaros parten hacía otros parajes, puede oírse en el jardín de la ciudad, muy cerca de la casa de Zé Costica y de Manuel Bicas, una banda de música que muy afinada hace compañía a todos los que la quieren oír... y, a veces, puede oírse aún a alguien contando la historia de una banda de música que nació del enfado de dos vecinos con nostalgia del cantar de los pájaros...
El Maestro Antonio comenzó por poner los instrumentos ordenados y afinados unos al lado de los otros, distribuyó a todos unas hojas con unos dibujos negros, redonditos, colgados en unas rayitas muy bien dibujaditas y, explicó como funcionaba aquello. En un rincón del salón Zé Costica y Manuel Bicas intercambiaban miraditas y sonrisitas de felicidad. La gente fue probando los instrumentos mientras el Maestro con su oído finísimo y preparado, lleno de semibreves, corcheas, fusas y semifusas iba colocando a la gente al lado de los instrumentos. Ya había amanecido cuando el maestro dio por terminada la tarea.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Francisca Cardoso
Vera María do Vale
Vera María do Vale
8 de octubre de 2010
3 de octubre de 2010
¡LOS VIERNES, NOS VISITAN LOS LIBROS!
Sí, así es,todos los viernes vamos a dar la bienvenido a esos libros que están en casa y que nos apetece mucho compartir con los compañeros: los contamos, los leemos, los tocamos..
Este viernes nos visitaron más de 10! Atlas, cuentos, de dinosaurios, mitología, experimentos....
Sí, así es,todos los viernes vamos a dar la bienvenido a esos libros que están en casa y que nos apetece mucho compartir con los compañeros: los contamos, los leemos, los tocamos..
Este viernes nos visitaron más de 10! Atlas, cuentos, de dinosaurios, mitología, experimentos....
Laura nos trajo un cuento:
EL PRÍNCIPE Y LA PRINCESA
Érase una vez un país muy lejano llamado Tazmania.Allí vivían una princesa de la ciudad de Ikunji y un príncipe de Isuna.Los dos se querían pero las ciudades estaban en guerra.
Sus padres no dejaban que estuvieran juntos;se veían en una cueva que estaba situada tras las ciudades.
La princesa se llamaba Oma y el príncipe Shu y los dos tenían un don: sabían controlar la tierra.
Construyeron pasadizos en los que no creían en el amor se quedaban atrapados para siempre y morían.
Los príncipes fueron a la montaña para estar juntos y sus padres los desterraron de los pueblos donde vivían.
Un día, el príncipe ya no apareció y entonces, Oma, que lo amaba mucho, decidió parar la guerra.
En su honor, por acabar con los sufrimientos de su pueblo,bautizaron a la ciudad como Oma y a la princesa la coronaron reina.
Algún tiempo después,ella murió. Como no tenía sucesor, el reino del Fuego se apoderó de esos lugares, pues su rey tenía un objetivo:gobernar todo el mundo.Pero al final, como la ciudad es del reino de la tierra, la salvó un avatar.
19 de agosto de 2010
14 de agosto de 2010
Cuento: "EL DUENDE OJITOS DEL CORAZÓN"
Ojitos de Corazón era un duendecito al que llamaban así, justamente porque sus ojitos tenían forma de corazón, pero como el nombre es un poco largo lo llamaremos simplemente Ojitos.
Nuestro duendecito tenía un hermano gemelo quien, para todos los duendes, era igualito a él. Ojitos sabía mucho acerca de igualdades y diferencias.
El sabía que por más que todo el mundo lo confundiera con su hermanito, él tenía la nariz un poquitín más respingada y el dedo gordo de su mano derecha era más gordo que el la manito de su hermano.
Estaba demostrado que no había dos personas iguales y dos duendes tampoco.
Sin embargo, Ojitos no se fijaba en las diferencias que había entre los duendes. No es que no se diera cuenta que todos somos diferentes en alguna forma, pero sus ojos veían a todos iguales.
Parece raro, pero no lo es. El veía más con el corazón que con la vista, y mirando así, es fácil darse cuenta que todos somos iguales en nuestro interior.
En la aldea de los duendes no todos tenían las mismas capacidades, algunos cantaban mal, otros no eran buenos deportistas, algunos no veían, otros no escuchaban o caminaban con dificultad, etc.
Ojitos pensaba que todos debían tener las mismas posibilidades de hacer cosas en la vida, pero en su aldea, como en tantas otras partes, no todos lo entendían así.
Había escuelas donde los duendecitos a los que les costaba más estudiar, no podían asistir, muchos duendes adultos no conseguían trabajo porque no podían escuchar o hablar y todas estas cosas apenaban el corazón de Ojitos.
Un día, una gran tormenta se desató en la aldea. Llovió como nunca antes, el viento arrasó con lo que tuvo a su alcance y el granizo completó el triste trabajo de destruir el pueblo casi por completo.
Una vez que la tormenta pasó, se reunieron todos los duendes para ver cómo comenzaban a reconstruir su pequeño mundo.
Alguien tenía que dirigir las obras de reconstrucción, pero nadie quería hacerse cargo de semejante tarea. Ni siquiera la autoridad máxima de la aldea, Gruñón, un duende que por todo se enojaba.
Ojitos se ofreció a hacerse cargo de las obras. Pensó que ésta sería una oportunidad de hacer algo mucho más grande que la reconstrucción de un pueblo.
– ¿Y Ud. jovencito cree que está capacitado para semejante tarea? Esto no es un juego de niños. Le dijo el Gruñón con tono muy serio.
– Jamás pensé que lo fuera. Contestó Ojitos un poquitín asustado. Se que no es fácil, pero si todos colaboramos, seguramente se podrá.
– Ud. sabe mejor que yo jovencito, que no todos en la aldea están capacitados para ayudar.
– Se equivoca señor. Todos podemos hacer algo y se lo voy a demostrar.
Ojitos tenía un plan. Comenzó por organizar distintos grupos, cada cual con su tarea bien definida.
A los duendes que les costaba escuchar o que no escuchaban nada, les encomendó el clavado de las maderas para construir las nuevas casas.
Quienes no podían hablar, se ocuparon del sembrado de todos los jardines.
Aquellos que no podían ver fueron los encargados de cantar hermosas canciones para que los duendecitos que estaban muy asustados en los refugios pudieran dormir tranquilitos.
A los que siempre estaban sentaditos en sillas de ruedas, les pidió que cocieran cortinas, sábanas, manteles y toda la ropa que se había volado con el viento.
Todos ayudaron, y cuando digo todos, es porque realmente eran todos.
Ojitos se había propuesto algo más importante aún que sacar a su aldea de las ruinas y era que los demás duendes se diesen cuenta que todos podían hacer algo.
Que todos pero todos tenían el mismo derecho, no sólo de estudiar o trabajar, sino de hacer algo por los demás, de sentirse como lo que eran: un duende más del pueblito. Y realmente lo logró.
En menos tiempo del que tenían pensado la aldea estuvo reconstruida.
Cuando el trabajo estuvo terminado, Grunón se acercó a Ojitos y le dijo:
– ¡Me ha sorprendido jovencito! Jamás pensé que lo lograra y menos habiendo pedido ayuda a duendes que no pueden hacer algunas cosas.
– Todos podemos hacer algunas cosas y otra no. Lo importante es pensar en lo que sí se puede y no en aquello que no nos es posible ¿no le parece? Yo puedo morderme mi codito si quiero ¿y Ud.?
Gruñón empezó a enojarse. Al principio no entendió mucho que tenía que ver el codo con todo esto. Demás está decir que no se lo podía morder, pero eso es otra historia.
Luego entendió lo que ojitos había querido decir.
La aldea nunca volvió a ser la misma. No se veía igual, se veía mejor. Había algo muy diferente en ella.
Seguramente no era el color de la pintura, las maderas recién lustradas o las nuevas floren que sembraron, sin duda era que en el corazón de todos los que la formaban algo había cambiado para siempre.
Sus habitantes habían entendido que todos podemos hacer cosas y que nadie puede negarnos el derecho de hacerlo.
Empezó a haber escuelas para todos, maestros que se dedican más a los duendecitos que tardaban más en aprender y todos sin excepción tenían trabajo y posibilidades de crecer.
Todos habían aprendido a ver el interior de cada persona, a fijarse no en las diferencias, sino en las igualdades.
A partir de ese entonces, cada vez eran más los duendes cuyos ojitos tenían forma de corazón. Esos ojitos que tenían la misma forma con la que ellos miraban a los demás.
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13 de agosto de 2010
LA INVASIÓN DE LOS MONSTRUOS GIGANTES ¡Nada es imposible para los Superhéroes!
Ya han publicado "La invasión de los monstruos gigantes", el segundo libro de los ¡¡¡SUPERHÉROES!!! Animales enormes, verdaderos monstruos gigantes, están atacando Muskrat City. Los Superhéroes entran en acción enseguida, derrotando a los invasores, pero sin saber de dónde provienen. Después de una libélula, una langosta y un lagarto gigantes, llegará el último ataque, el de un roedor enorme, para revelar a los Superhéroes que la Banda de los Fétidos es su verdadero y único enemigo.¿Quién ganará?
¡SON INVENCIBLES... SON LOS SUPERHÉROES!
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